Como ya es costumbre cada mes, se llevó a cabo en días pasados una nueva tertulia organizada por el Café El Turista, el diario Los Tiempos y el Cronista de la Ciudad, Ramón Rocha Monroy.
El tema tratado fue: Libro virtual vs. Libro impreso.
Información de discotecas, restaurantes, Pubs, salones de eventos
martes, 9 de octubre de 2012
celebró su cumpleaños al lado de los Taitas, sus grandes amigos, en Varadero.
Gerardo Chamón (cuarto de la izq.) celebró su cumpleaños al lado de los Taitas, sus grandes amigos, en Varadero. Allí degustaron una riquísima torta y también pasaron gratos momentos llenos de mucho baile y música.
lunes, 8 de octubre de 2012
Ruta 36 - El ‘bar de la cocaína’
Fui al bar y pedí un Cuba Libre. ‘¿Cuántos gramos quieres con eso?’ ‘Errm, ¿uno?’, le contesté. Me sirvió mi bebida y desapareció detrás de la barra. Volvió con una caja de CD vacía que tenía una bombilla cortada y una bolsa de terciopelo en la parte superior. ‘Cien bolivianos, por favor’, dijo el barman. Pagué y me dirigí de nuevo a la zona de sofás. Diez libras esterlinas por un gramo de cocaína... ¡los distribuidores en el Reino Unido no lo creerían!”. Así describe David, un británico, su experiencia en el bar de consumo de droga Ruta 36. Él escribió la nota en un blog de viajes, en julio.
Narraciones como ésta abundan en páginas de la red de internet y, por ello, turistas que arriban a la ciudad de La Paz ya saben del famoso lugar y quieren conocerlo. La Ruta 36 es un local itinerante, clandestino: tiempo atrás estuvo en otros dos barrios paceños. Abre desde las nueve de la noche hasta las siete de la mañana, en la avenida Illimani. Es exclusivo para extranjeros, que deben portar su pasaporte u otro documento similar como ticket de entrada. Sólo contados bolivianos, conocidos, caseros, tienen derecho de ingreso.
Visita. Hay taxis que esperan frente a hostels (hostales) del centro paceño que conocen la ubicación de la Ruta (coloquialmente se lo nombra así, sin el número) y sirven de enlace a turistas que pretenden llegar a ella. Tres años atrás, la existencia del boliche era un secreto encerrado en alojamientos para extranjeros, conocido por contados radiotaxistas o por un selecto grupo foráneo que comentaba el dato entre sus allegados. Pero aquello salió a la luz en agosto de 2009 cuando el periódico británico The Guardian publicó una nota bajo el título: “El primer bar de cocaína del mundo”.
Pronto la noticia fue comentada una y cientos de veces se la replicó en blogs y en páginas webs. Así nació un mito que para autoridades locales se mantiene enterrado desde hace tres años. No obstante, Informe La Razón comprobó que la Ruta 36 continúa operando bajo estrictas medidas de seguridad para no ser descubierta y se sumergió en este sitio en compañía de una europea llamada Sonia, para develar cómo funciona este nicho del “turismo de la droga” en La Paz.
La fiesta se apaga en el bar del hostal donde se hospeda Sonia y su “acompañante” (periodista de este medio). Ella ha oído hablar de la Ruta y ahora quiere conocerla. Pregunta a dos jóvenes —Christopher, un australiano, y Miguel, un chileno— si alguna vez han aterrizado allí. Le dicen que no, aunque ambos han leído información sobre este local y tienen curiosidad. Miguel se acerca a uno de los meseros y le consulta: “¿Cómo podemos ir a la Ruta 36?” Éste le contesta: “No podemos recomendarlo porque ese lugar es peligroso”.
A pesar de la respuesta, ni Sonia ni sus amigos se dan por vencidos. Indagan, en inglés, a un australiano que se acerca tambaleante a la mesa: “¿Conoces la Ruta 36?” Él se toca las fosas nasales con un dedo y comenta: “¿Cocaína?” Sonia asiente. “Yo he ido, puedo llevarles”. El grupo se levanta para salir del albergue situado en la zona Central; sin embargo, el australiano se queda en la mesa: está demasiado borracho. Ahora están sin guía.
Taxi. “¿Cómo ir allí? Simplemente salta dentro de un taxi. Todos los conductores conocen la Ruta 36”, recomienda un viajero en una página web. Sonia, Christopher, Miguel y el “acompañante” salen a la calle y siguen aquella indicación. A pocos metros del alojamiento hay una fila de radiotaxis esperando pasajeros. Ella pregunta a uno de los conductores si puede llevarlos al boliche. Él responde afirmativamente, “por Bs 10”. En menos de cinco minutos, el taxista detiene el coche ante un edificio de tres pisos de la avenida Illimani, en plena esquina de la calle Quime.
Cerca hay una whiskería. Nada más salir del auto, se escucha: Hey guys (Hey, chicos, en inglés). Dos hombres altos y vestidos con chamarras oscuras empiezan a abrir las rejas de fierro que dan acceso al inmueble. Tras la valla hay un pasillo oscuro en el que se adivinan unas gradas. Sonia comienza a subir. Los tres varones dudan. Finalmente, se animan. Un guardia de seguridad se les adelanta hasta llegar a una puerta cerrada. Comenta amable: “30 bolivianos la entrada con una bebida”. Pagan y reciben un ticket, rosado o naranja, con un número.
El uniformado teclea un código en un aparato con números que resalta a la izquierda de la puerta y ésta se abre. Luego aparece otra entrada más, entornada, y el cuarteto entra precedido del guardián. Ya se encuentran en la famosa Ruta 36. Ante ellos hay una sala salpicada de mesas rodeadas de sillones cubiertos con telas verdes y naranjas que brillan con la tenue luz. Líneas de hilos que parecen de lana atraviesan el techo del que nacen algunas columnas finas. A la derecha de la puerta se encuentra la barra, detrás de la cual dos cuarentonas fuman tranquilamente.
Un poco más adelante, a mano izquierda, están los baños. Las paredes no lucen más decoración que un par de pósters de dos íconos juveniles que murieron demasiado pronto y cuyas vidas estuvieron marcadas por las drogas: el actor James Dean y Kurt Cobain, el célebre vocalista de la banda de rock Nirvana. También hay una pantalla de proyección de tela. El ambiente está vacío: tal vez es demasiado temprano, es un día laboral en temporada baja de turistas y, además, los accesos a la urbe están bloqueados por los mineros. Suena música latinoamericana a bajo volumen. Cuando está más lleno, el sonido es alto, para lo cual el bar está preparado: el techo se halla forrado de hueveras de cartón que aíslan el ruido.
“Siéntense, chicos”, invita, afable, una de las cuarentonas. Les invita a acomodarse en la mesa que hay delante de la barra y les trae una escueta carta. No tiene nada de particular: se puede pedir ron con cola, ginebra, whisky... Los precios de las copas oscilan entre Bs 20 y Bs 30. Sonia comenta en voz baja a sus compañeros que es mucho más barato de lo que le dijeron. “Unos cubalibres, por favor”, pide la europea. La camarera les solicita los tickets y retira la carta. Regresa con las bebidas servidas en vaso alto y pregunta: “¿Algo más?” Sonia dice: “He escuchado que se puede fumar aquí...”. En el hostal, el australiano le contó que se podía pedir y consumir marihuana. La mesera responde: “Se puede fumar sólo tabaco. Lo que sí hay es cocaína”.
Según una fuente que pisó la Ruta, la cocaína de allí es famosa por su buena calidad y por su bajo precio. Si el gramo cuesta Bs 100 en este sitio, en Estados Unidos vale hasta $us 100 y en Europa, incluso más. El informante señala que hay gente tan asidua que los administradores incluso les entregan droga a crédito. Es más, un estadounidense prácticamente vivía en el local y pasó a ser uno de los personajes típicos de este rincón oculto.
Las camareras son las encargadas de entregar el pedido a las mesas. La característica es que esparcen la cocaína encima de oscuras cajas vacías de CD que, luego, son entregadas a los clientes. Éstos pueden consumirla sentados en los muebles de la sala, en la barra, en los baños... en el espacio que les plazca... No es el caso de los cuatro visitantes de aquella noche de mediados de septiembre. El grupo conversa tranquilamente. Transcurrido un rato, la puerta se abre y aparece una pareja: ella es extranjera y él, boliviano. “¡Mesa para dos!”, grita una de las meseras apenas los mira. Los visitantes pasan, saludan con familiaridad y se sientan cerca de la barra.
“Cualquiera que haya pasado por La Paz puede confirmar que conseguir cocaína es más fácil que comprar un adaptador para la computadora o una buena línea de teléfono. Es normal aquí, incluso, no recordar que la cocaína es ilegal. Dentro de la Ruta 36, realmente es imposible acordarse de nada”. Así acaba un reportaje publicado por la revista española DT.
Inclusive la enciclopedia electrónica Wikipedia tiene una explicación en inglés sobre este local: “Ruta 36 es un remate ilegal en La Paz, Bolivia, y, según The Guardian, el primer bar de cocaína en el mundo. Aunque la cocaína, un estimulante derivado de la planta de coca que crea adicción, es ilegal en Bolivia, la corrupción política y la asequibilidad de la cocaína producida localmente se han traducido en la Ruta 36, convirtiéndose en un destino popular para los miles de turistas de la droga cada año. Muchos clientes aprender (Sic) acerca de la existencia del bar a través de sitios web de viajes y por el boca a boca. Para evitar las quejas de los propietarios de negocios cercanos o residentes, la Ruta 36 no funciona en el mismo lugar por más de unas pocas semanas a la vez. Su ubicación se puede averiguar solamente preguntando”.
Sonia y sus amigos conversan, observan y recuerdan las cosas que han leído o escuchado sobre el sitio en el que ahora están metidos. Se comportan como si estuvieran en cualquier otro boliche con música agradable y, asimismo, bastante confortable. Dos horas después de su llegada, Sonia, Christopher, Miguel y el periodista de Informe La Razón deciden regresar al alojamiento. No hay dudas, la Ruta 36 sigue operando como en sus mejores tiempos, como si no hubiera tenido problemas con autoridades, con la ley.
Itinerante. La europea pregunta en la barra cómo pueden conseguir un taxi. “Nosotras se lo llamamos”, dice una de las cuarentonas. Agarra un celular y solicita un móvil. Es entonces cuando Sonia ve el cartel, tras el mostrador: “Está prohibido el uso de celulares y cámaras de fotos. Deben dejarlos en la barra y a la salida les serán devueltos”. Quizás aquel letrero no estaba en 2009, cuando The Guardian publicó las únicas fotografías que existen en la web. En éstas se ve a un muchacho que se introduce una bombilla en la nariz para inhalar cocaína.
“En cinco minutos llega su taxi”, anuncia la mujer. El grupo paga por su consumo y la mesera se retira. La puerta se abre y entra un muchacho que se cubre la cabeza con una gorra. Saluda a las camareras con un beso en la mejilla. Mientras que en menos del tiempo estimado, la puerta vuelve a abrirse y aparece uno de los guardias. “Acompañen a las chicas”, le indica a una de las camareras. Ella lleva a los clientes hasta la primera puerta y los despide desde lo alto de las gradas.
Sonia recuerda una de las historias que circula en una página de internet sobre el sitio. “Vi a un muchacho de Vancouver, de 18 años de edad, volver al albergue después de una borrachera de 24 horas en Ruta 36 y se encontraba en mal estado. Al parecer, no hay relojes ni ventanas en el lugar, por lo que no eres consciente de la cantidad de tiempo que pasa y, por supuesto, está abierto las 24 horas, siete días a la semana”, cuenta Rebecca, quien visitó la ciudad de La Paz en 2008. Entonces, el bar tenía otra ubicación y, ahora, sí tiene ventanas que dan a la calle.
A la hora de la despedida, Sonia lanza una última pregunta: “¿A qué hora abren?”. La cuarentona sigue con un cigarrillo en la mano y en su rostro no hay ningún gesto de incomodidad: “De nueve a siete, todos los días”. Los cuatro visitantes salen a la avenida Illimani y, evidentemente, hay un taxi que les está esperando. “¿A dónde van?” Indican al conductor el nombre del hostal. Cuando arranca, Sonia se gira: la reja de entrada del edificio vuelve a cerrarse y no hay rastro de los uniformados. Despacio, los hombres de negro se camuflan en la oscuridad.
Otra fuente que frecuenta la Ruta comenta que los días de mayor afluencia son los fines de semana, cuando la música explota. A veces se lleva bandas para tocar en vivo, y algunos turistas se atreven a cantar en un karaoke improvisado, para lo cual se utiliza la pantalla de tela de la sala. “Es una locura”, sentencia. No obstante, se toman los recaudos para que el local no llame la atención y se mantenga en la clandestinidad, sin que la “gente común” sospeche de su existencia.
El secretismo que rodea al “bar de la cocaína” provoca que se tejan mitos o rumores sobre éste. Por ejemplo, se dice que un colombiano es el dueño. Otros afirman que lo que se comercia es parte del microtráfico que sale de la cárcel de San Pedro. Hay muchas hipótesis, pero escasas certezas. Lo que se sabe es que la Ruta es exclusiva para turistas e itinerante: no suele quedarse más de 365 días en una misma zona; sin embargo, se encuentra en su actual ubicación hace más de un año.
Sus referencias más añejas la sitúan en la calle México, según Gina (que también pidió reserva en su identidad), cerca del Coliseo Cerrado, curiosamente a unas cuadras del local Blue House, que en agosto de este año fue clausurado por venta de drogas. En agosto de 2009, la Ruta estaba en la calle Luis Uría de Oliva, en Sopocachi, y fue cerrada tras una redada de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico, que capturó a 23 ciudadanos, entre extranjeros y bolivianos. Tras el operativo, personal de la Alcaldía rondó el local para evitar su reapertura y, actualmente, ésta cree que la Ruta es cosa del pasado.
Tras un periodo de silencio, la Ruta 36 aterrizó en el barrio de Miraflores. Una comitiva de guardias de seguridad se acomodó en el edificio que está en la esquina que enlaza la avenida Illimani y la calle Quime: el negocio volvió a abrirse, tal vez en 2011 o este año. Un sitio al que se accede sólo con un pasaporte y donde no existe línea blanca que divida lo que está bien de lo que está mal. Es el “bar de la cocaína” en La Paz.
En la red hay historias del exclusivo y escondido Eddie's place
Un bloguero que firma como Yancy relata de esta forma la charla entre un turista y una camarera de un hostal del centro paceño, en 2009: “‘Entonces, ¿qué pasa con la Ruta 36?’, pregunta. Ahora que sale a flote la verdadera naturaleza de su conversación, la banalidad forzada de su diálogo previo es muy clara. Ella ha oído la pregunta anterior.
Muchas veces. ‘Oficialmente —dice ella— nosotros supuestamente no hablamos a los huéspedes sobre esto’. Ella se inclina hacia él con complicidad, bajando la voz. ‘Pero yo personalmente te recomiendo el Eddie’s Place (Lugar de Eddie). Es más barato y de mejor calidad’”.
Hay pocas referencias sobre este sitio en la red de internet e, inclusive, la Alcaldía de la ciudad de La Paz, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico y las fuentes consultadas por Informe La Razón, lo desconocen. Puede seguir funcionando de forma clandestina y muy exclusiva, haber cambiado de ubicación, nombre o, simplemente, haber cerrado. Sin embargo, en la entrada de un blog registrado el 20 de julio de este año, un viajero habla de dos bares de cocaína en La Paz: la Ruta 36 y “uno mucho menos conocido llamado Eddie’s Place”. En un foro de viajes en el ciberespacio, varios internautas discuten sobre la Ruta; la conversación es de noviembre del año pasado y el último que participa deja este comentario: “He escuchado que Eddie’s Place es la mejor opción como bar de cocaína”.
Yancy relata que para llegar al lugar de Eddie bastó tomar un taxi en la puerta del hostal junto con sus amigos. El coche se detuvo en una zona de casas relativamente nuevas con calles bien iluminadas. Tocaron a una puerta negra, un tipo salió a recibirles y entraron a una vivienda en cuya planta baja, tres habitaciones funcionaban como bar, con mesas de café y sillones alrededor. Uno de los turistas se acercó a la barra y pidió a quien los recibió: “Un ron con cola y un gramo de cocaína”. El tipo respondió: “Sí. Tú eres nuevo aquí, bienvenido. Pero este lugar es un secreto. No les digas a tus amigos, ¿vale?”.
viernes, 5 de octubre de 2012
Dj Willo traerá hasta el pub Ajayu
Dj Willo traerá hasta el pub Ajayu, en el centro de la ciudad, las canciones y los ritmos más exitosos de los años 90, cuando aún no se habían inventado las redes sociales.
Se espera una fiesta en la que una generación podrá compartir y recordar.
El evento, llamado “D-generación 90”, comenzará a las 21.30 de hoy.
Lugar: Calle Colón 540, entre Ballivián y Comercio.
Entrada: Bs 25.
Agenda Boliche La Paz
Cazaduende abre sus noches de trova Música boliviana y latinoamericana es la oferta de esta noche, junto a Álvaro Flores. Hoy, a las 20:00, en Cazaduende (calle Belisarios Salinas, Sopocachi). PK-2 invita a bailar en una fiesta tropical El trío paceño,
formado por los hermanos Paola y Wally Zeballos y la cantante Bebi Aponte, arma la fiesta. Hoy, a las 22:00, en Gitana (calle 8 de Calacoto). Atajo lleva su “rock urbano” al Target La banda de Panchi Maldonado alista un repertorio con éxitos como Morenada al corazón, Hoja verde y Que la DEA no me vea. Hoy, a las 22:00, en Target Urbano (Av. 6 de Agosto, 2548).
Sin Ley promete una velada cumbiera Éxitos como Dios me libre o El amor llegó se escucharán junto a la agrupación Sin Ley, que alista una velada bailable. Mañana, en Mama Diablo (Av. 6 de Agosto, 2604). Steve Bravo hará bailar a puro funk Bajo el título de Supergroove, la fiesta será animada por el Dj boliviano Steve Bravo. Mañana, a las 22:00, en Tambo Club (Av. 16 de Julio, esquina Colombia). Artistas locales alistan una noche de tango El sonido del bandoneón será la base de una velada con los mejores tangos, a cargo del grupo Deep Tango. Mañana, a las 22:00, en Cazaduende (c. Belisario Salinas, Sopocachi). Pateando al perro está de regreso Tras 12 años de ausencia en los escenarios paceños, la banda formada por Gonzalo Gómez, Gastón Nigro, Julio Jaime y Franz Fox tocará hoy en el Equinoccio.
formado por los hermanos Paola y Wally Zeballos y la cantante Bebi Aponte, arma la fiesta. Hoy, a las 22:00, en Gitana (calle 8 de Calacoto). Atajo lleva su “rock urbano” al Target La banda de Panchi Maldonado alista un repertorio con éxitos como Morenada al corazón, Hoja verde y Que la DEA no me vea. Hoy, a las 22:00, en Target Urbano (Av. 6 de Agosto, 2548).
Sin Ley promete una velada cumbiera Éxitos como Dios me libre o El amor llegó se escucharán junto a la agrupación Sin Ley, que alista una velada bailable. Mañana, en Mama Diablo (Av. 6 de Agosto, 2604). Steve Bravo hará bailar a puro funk Bajo el título de Supergroove, la fiesta será animada por el Dj boliviano Steve Bravo. Mañana, a las 22:00, en Tambo Club (Av. 16 de Julio, esquina Colombia). Artistas locales alistan una noche de tango El sonido del bandoneón será la base de una velada con los mejores tangos, a cargo del grupo Deep Tango. Mañana, a las 22:00, en Cazaduende (c. Belisario Salinas, Sopocachi). Pateando al perro está de regreso Tras 12 años de ausencia en los escenarios paceños, la banda formada por Gonzalo Gómez, Gastón Nigro, Julio Jaime y Franz Fox tocará hoy en el Equinoccio.
jueves, 4 de octubre de 2012
Moustache Un chef que cocinó para famosos y presidentes abre su local en La Paz
Actores como Sylvester Stallone o Roger Moore y ex presidentes como Francois Mitterrand, de Francia, y Mijaíl Gorbachov, de la ex Unión Soviética, han disfrutado la comida preparada por el francés Frank Ouvrard, un chef que ha trabajado en los restaurantes más reconocidos de varios países del mundo y que ahora tiene su propio local en La Paz.
Tras apenas asomarse a la cocina del restaurante Moustache (cuya traducción sería mostacho o bigote) impacta la imagen de Ouvrard flambeando una de las carnes que está a punto de servir.
Un aroma sutil y consistente se ha apoderado del lugar. Entre sartenes e insumos, combina hábil y velozmente los ingredientes, por muy compleja que sea la receta; y es que en sus manos todo parece sencillo de cocinar.
¿Qué se siente haber cocinado para personalidades famosas a nivel mundial? Con una sencillez que sorprende Ouvrard responde: “Bueno, es sin duda una oportunidad interesante, pero siempre lo asumí de una manera muy natural e hice mi trabajo sin ninguna presión adicional. No me detenía mucho a pensar en aquello”.
Nacido hace 37 años en Vendée, Francia, admite que era problemático, travieso e inquieto en el colegio, así que abandonó los estudios y decidió estudiar cocina apenas cumplió 15. Empezó “desde abajo” -como debe ser-, es decir, lavando platos.
Ahí aprendió que todo tiene que ser prefecto en un plato, desde la preparación hasta la presentación, y que debe prepararse lo más rápido posible. “Así se aprende, rompiendo platos, quemando ingredientes y haciendo que te pateen el trasero. Es una ocupación de mucho estrés”, cuenta sin esconder una sonrisa.
Personalidades
Dos años intensos de trabajo y formación le marcaron la pauta de su verdadera vocación y despertaron no sólo su deseo por saber más de su oficio, sino por viajar y expandir su visión de la vida.
En París trabajó para varios restaurantes como el Taillevent, con tres estrellas Michelin (la más antigua y famosa guía de hoteles y restaurantes) y otro especializado en la preparación de pescado, perteneciente al gran chef Paul Minchelli, que posee una estrella Michelin.
Fue en este último que cocinó varias veces para el ex presidente de Francia Francois Miterrand, unos meses antes de su muerte. “Era un gran amante del pescado y Minchelli es uno de los más famosos cocinándolo”, dice el chef. Allí también cocinó pescado para Gorbachov.
Más allá de la postura sobria y sofisticada que usualmente tiene un actor de Hollywood o un ex presidente, a la hora de comer, Ouvrard siempre los vio más humanos, más relajados que como se los percibe a través de las pantallas.
“Me pareció gente muy sencilla. Alguna vez entraban a la cocina y saludaban a todo el personal, nos tomábamos alguna foto, pero nada especial. Al final son sólo personas que quieren comer”, cuenta mientras decora, delicada pero rápidamente, un pie de limón.
Entre otros personajes para los que preparó algún platillo figuran la actriz Catherine Deneuve, la musa de Luis Buñuel, quien la inmortalizó en la Belle de jour, y varias estrellas de fútbol. En Bolivia ha cocinado para el vicepresidente Álvaro García Linera y la actriz Carla Ortiz.
Antes de recalar en el país, durante años recorrió Londres, las Islas Canarias (España), Montecarlo (Mónaco) y finalmente llegó a Atlanta, en Estados Unidos.
Cansado de tantos años de trabajo ininterrumpido, tomó una mochila y decidió recorrer Sudamérica desde Colombia hacia el sur. Por ello no lleva consigo las fotos que se tomó con las celebridades para las que cocinó.
“Tenía que quedarme por dos días y ya son casi tres años que estoy en Bolivia, fui dos años chef de La Comedie y ahora empiezo un nuevo emprendimiento”, cuenta.
Peter Terceros trabaja como ayudante de cocina en Moustache. Para él, el concepto de la comida de Ouvrard es muy fiel a los sabores de cada ingrediente. “Su comida es muy gustosa e interesante. No opaca los sabores de los ingredientes, los resalta de forma muy sutil y sencilla”, afirma.
Para este chef, el mejor plato es el que se hace con amor, con buenos ingredientes y con mucha simpleza.
Un enamorado de Bolivia
El sabor de la carne de llama y del pollo de granja de Coroico están, para Ouvrard, entre las mayores exquisiteces del país. Además, afirma que la libre disposición de hortalizas frescas es un lujo.
Gracias a esto, y, cómo no, a que conoció a su novia, decidió asentarse en La Paz y abrió Moustache junto a su amigo Reza Nourmamode, también de origen francés.
Para Nourmamode, que se encarga del bar del restaurante, la comida de Ouvrard es muy típica de Francia. “Es como la comida de la abuela, pero con el plus de una mano profesional”, opina.
“El sabor del pato, de la trucha, de la enorme variedad de papas y de la quinua son excelentes en este país. El gusto de todos los ingredientes es más intenso, tiene carácter. Por eso y por varias otras razones soy un enamorado de Bolivia, es un lugar perfecto y voilá (ya está)”, concluye.
Tras apenas asomarse a la cocina del restaurante Moustache (cuya traducción sería mostacho o bigote) impacta la imagen de Ouvrard flambeando una de las carnes que está a punto de servir.
Un aroma sutil y consistente se ha apoderado del lugar. Entre sartenes e insumos, combina hábil y velozmente los ingredientes, por muy compleja que sea la receta; y es que en sus manos todo parece sencillo de cocinar.
¿Qué se siente haber cocinado para personalidades famosas a nivel mundial? Con una sencillez que sorprende Ouvrard responde: “Bueno, es sin duda una oportunidad interesante, pero siempre lo asumí de una manera muy natural e hice mi trabajo sin ninguna presión adicional. No me detenía mucho a pensar en aquello”.
Nacido hace 37 años en Vendée, Francia, admite que era problemático, travieso e inquieto en el colegio, así que abandonó los estudios y decidió estudiar cocina apenas cumplió 15. Empezó “desde abajo” -como debe ser-, es decir, lavando platos.
Ahí aprendió que todo tiene que ser prefecto en un plato, desde la preparación hasta la presentación, y que debe prepararse lo más rápido posible. “Así se aprende, rompiendo platos, quemando ingredientes y haciendo que te pateen el trasero. Es una ocupación de mucho estrés”, cuenta sin esconder una sonrisa.
Personalidades
Dos años intensos de trabajo y formación le marcaron la pauta de su verdadera vocación y despertaron no sólo su deseo por saber más de su oficio, sino por viajar y expandir su visión de la vida.
En París trabajó para varios restaurantes como el Taillevent, con tres estrellas Michelin (la más antigua y famosa guía de hoteles y restaurantes) y otro especializado en la preparación de pescado, perteneciente al gran chef Paul Minchelli, que posee una estrella Michelin.
Fue en este último que cocinó varias veces para el ex presidente de Francia Francois Miterrand, unos meses antes de su muerte. “Era un gran amante del pescado y Minchelli es uno de los más famosos cocinándolo”, dice el chef. Allí también cocinó pescado para Gorbachov.
Más allá de la postura sobria y sofisticada que usualmente tiene un actor de Hollywood o un ex presidente, a la hora de comer, Ouvrard siempre los vio más humanos, más relajados que como se los percibe a través de las pantallas.
“Me pareció gente muy sencilla. Alguna vez entraban a la cocina y saludaban a todo el personal, nos tomábamos alguna foto, pero nada especial. Al final son sólo personas que quieren comer”, cuenta mientras decora, delicada pero rápidamente, un pie de limón.
Entre otros personajes para los que preparó algún platillo figuran la actriz Catherine Deneuve, la musa de Luis Buñuel, quien la inmortalizó en la Belle de jour, y varias estrellas de fútbol. En Bolivia ha cocinado para el vicepresidente Álvaro García Linera y la actriz Carla Ortiz.
Antes de recalar en el país, durante años recorrió Londres, las Islas Canarias (España), Montecarlo (Mónaco) y finalmente llegó a Atlanta, en Estados Unidos.
Cansado de tantos años de trabajo ininterrumpido, tomó una mochila y decidió recorrer Sudamérica desde Colombia hacia el sur. Por ello no lleva consigo las fotos que se tomó con las celebridades para las que cocinó.
“Tenía que quedarme por dos días y ya son casi tres años que estoy en Bolivia, fui dos años chef de La Comedie y ahora empiezo un nuevo emprendimiento”, cuenta.
Peter Terceros trabaja como ayudante de cocina en Moustache. Para él, el concepto de la comida de Ouvrard es muy fiel a los sabores de cada ingrediente. “Su comida es muy gustosa e interesante. No opaca los sabores de los ingredientes, los resalta de forma muy sutil y sencilla”, afirma.
Para este chef, el mejor plato es el que se hace con amor, con buenos ingredientes y con mucha simpleza.
Un enamorado de Bolivia
El sabor de la carne de llama y del pollo de granja de Coroico están, para Ouvrard, entre las mayores exquisiteces del país. Además, afirma que la libre disposición de hortalizas frescas es un lujo.
Gracias a esto, y, cómo no, a que conoció a su novia, decidió asentarse en La Paz y abrió Moustache junto a su amigo Reza Nourmamode, también de origen francés.
Para Nourmamode, que se encarga del bar del restaurante, la comida de Ouvrard es muy típica de Francia. “Es como la comida de la abuela, pero con el plus de una mano profesional”, opina.
“El sabor del pato, de la trucha, de la enorme variedad de papas y de la quinua son excelentes en este país. El gusto de todos los ingredientes es más intenso, tiene carácter. Por eso y por varias otras razones soy un enamorado de Bolivia, es un lugar perfecto y voilá (ya está)”, concluye.
lunes, 1 de octubre de 2012
63% de locales de fiesta de 4 distritos en El Alto son ilegales
La Unidad de Recaudaciones de la Alcaldía de El Alto identificó que el 63% de los locales de fiesta en los distritos 2, 3, 8 y 12 son ilegales. Identificó 67 establecimientos de diversión con licencia de funcionamiento y otros 40 clandestinos.
Además, en un recorrido realizado por la Unidad de Fiscalización de la Alcaldía y La Razón, en los mismos cuatros distritos, se comprobó que el 71% de ellos carecía de permiso para operar. De siete locales de fiesta visitados, cinco no tenían autorización municipal para atender al público.
Según la Unidad de Actividad Económica de la Dirección de Recaudaciones de la Alcaldía, en esta ciudad existen sólo 110 locales con licencia de funcionamiento y que están clasificados por zonas comerciales: A para las zonas céntricas y avenidas, B para lugares cercanos al centro urbano y C para las más alejadas.
Pero en esta urbe funcionan muchos más que esa cantidad. La Unidad de Fiscalización de la Alcaldía, por ejemplo, dijo que sólo en los cuatro distritos funcionan 107 espacios para fiestas.
“En los cuatro distritos hay un total de 67 locales inscritos y otros 40 identificados como ilegales porque no presentaron su documentación o papeles al día. Algunos incluso no quisieron abrir sus puertas al ver que éramos de la Alcaldía, por lo que presumimos que trabajan irregularmente”, explicó Jaime Villalobos, responsable del área de Fiscalización de la Unidad de Recaudaciones.Salón. En el recorrido realizado por la Unidad de Fiscalización y La Razón se encontraron, además de la falta de permiso para trabajar, otra serie de irregularidades. El primer local visitado, Flor de mi Tierra, de 200 metros cuadrados y con una capacidad para entre 150 Y 200 personas, no contaba con la documentación al día, le faltaba el pago de impuestos y carecía de permiso de funcionamiento renovado.
Al revisar el lugar, se pudo ver que se hallaba en buenas condiciones de mantenimiento, el piso limpio, lo mismo que los baños y las ventanas. De los siete locales visitados, uno, el Inti Palace, se encontraba ubicado al frente de una guardería infantil, a menos de 200 metros de una parroquia y colindaba con un colegio en la zona Santiago II. Estas colindancias son ilegales, puesto que la norma municipal señala que estos sitios de venta de alcohol deben ubicarse a más de 300 metros de los centros educativos y de salud.Corte. Sobre la avenida Bolivia, se encontró que las personas que alquilaron el local Bolivian Palace no sólo ocupaban esos ambientes sino toda la arteria, la que habían cerrado al tráfico vehicular colocando sus taxis y trufis del sindicato Móvil Bolivia de manera transversal.
Los vecinos y choferes estaban molestos por este conflicto. Los dueños de este salón no permitieron a este medio de comunicación que ingrese en su interior.
Los funcionarios ediles indicaron, luego de la inspección, que éstos no presentaron las boletas municipales de funcionamiento. Vecinos de Santiago II dijeron que el salón de eventos Imperio trabaja desde hace tres años, pero que la propietaria del inmueble, Amalia Z., aseveró que su licencia de operación aún estaba en trámite en las oficinas de la Alcaldía. Villalobos explicó que ése es el mecanismo en el que se escudan los propietarios de sitios de alquiler para funcionar ilegalmente.
En el recorrido, también se evidenció que existe una dura competencia entre propietarios de locales. En cada sitio visitado, éstos decían que las autoridades deberían inspeccionar el que está cerca de ellos, y viceversa, e indicaban que aquél incumplía una serie de normas.
No existen salidas de emergencia
AccesosLos salones no cuentan con puertas de emergencia y los accesos son portones grandes que no protegen del frío a los invitados. OperativosHasta la fecha no se hicieron operativos para controlar el ruido emitido en estos sitios.Sin normaNo existe una reglamentación específica para el control y funcionamiento de locales y salones de fiestas.
Vecinos se quejan del ruido
En inmediaciones de los siete locales visitados por la Unidad de Fiscalización de la Alcaldía y La Razón, los vecinos solicitaron un mayor control del ruido y de las peleas dentro y fuera de los salones cuando se llevan a cabo eventos sociales.
Agustín Peña, vecino de Santiago II, quien vive a una cuadra del local Lucerito, mencionó que la música de las orquestas y amplificaciones no la deja dormir a su familia los fines de semana. “Hay días en que mi esposa, mis hijas o nietos están indispuestos y la bulla nos pone peor”.
Los vecinos pidieron que se hagan controles de los decibeles que emiten los locales durante los eventos festivos.“Al ser lugares cerrados existe mayor impacto del ruido y se expande hasta tres cuadras”, mencionó Teodoro Chura, que vive a tres casas del salón Nueva Generación.
Las peleas después o durante las fiestas también son una preocupación. “Lo que yo pido es que se hagan recorridos mientras dure una fiesta. Hay que ver cómo se pelean, o salen a la calle ebrios y se hacen asaltar; escuchamos gritos, golpes e incluso los jóvenes ven obscenidades”, mencionó María Cabrera, vecina de Santiago II.
Los vecinos pidieron que la Alcaldía verifique las condiciones en las que se atiende durante una fiesta, los pisos son resbalosos, los baños sucios, la atención es deficiente y algunos locales son fríos.
Las autoridades municipales anunciaron que se coordinarán controles a partir de estas denuncias.
Existe un promedio de 100 salones por distrito
Los legales son sólo 191, incluidos locales de fiestas y salones de eventosLa Dirección de Recaudaciones de la Alcaldía de El Alto tiene un registro de 110 locales de fiesta y 81 salones de eventos sociales. Los segundos, además de ser utilizados para fiestas, sirven para seminarios, talleres y reuniones ejecutivas.
El jefe de la Unidad de Actividades Económicas, René Durán, admitió sin embargo que esos datos no están actualizados. “Tenemos que trabajar en el tema, se está haciendo un recorrido por los distritos y tendremos una actualización de datos”.
Según estimaciones de las autoridades municipales, en cada distrito funciona un promedio de 100 salones de fiestas, lo que hace un número de 1.000 en los 10 distritos urbanos.
Durán manifestó que también se realizarán operativos multidisciplinarios, es decir con la participación de otras unidades municipales como la Intendencia, Recaudaciones, Sanidad, Defensoría de la Niñez, entre otras, una vez que se obtengan los datos finales de la cantidad de locales.
El responsable de Fiscalización de Recaudaciones, Jaime Villalobos, informó que se hará un mapeo de la ubicación de los salones de eventos. “Con el mapa, los nombres y las características, será mucho más fácil poder controlarlos”, destacó la autoridad,
Los funcionarios no precisaron la fecha en que se tendrán esos datos generales.
Dueños dicen que es buen negocio
Los salones de eventos cobran entre 800 y 4.000 bolivianos por sesiónUn local de fiestas cobra montos que varían de acuerdo al evento y a las características del establecimiento. Por acontecimiento existen precios que oscilan entre 800, 2.000 bolivianos, e incluso 4.000 bolivianos, según los dueños de estos sitios.
La propietaria del local Flor de mi Tierra, Concepción Suzaño, mencionó que para una fiesta de 15 años cobra 800 bolivianos, lo mismo que para un cumpleaños infantil e incluso para una reunión. “Esto se debe a que no existe mayor riesgo para las cosas que tenemos, las sillas, las ventanas, los baños. En un evento mayor, existe consumo de bebidas alcohólicas y algunas personas cuando están mareadas, a veces, hacen destrozos”, explicó Expansión. El secretario de Actas de la Asociación sector sur de locales del Distrito 2, Constantino Pinto, dijo que en la ciudad de El Alto existe una proliferación de locales debido a que éstos son una buena inversión. Dijo que su agremiación cumple con todas las obligaciones legales.
“Lo que reprochamos es que algunas personas ganen dinero fácil, sin trámites ni tributación al municipio”, manifestó.Para Pinto, la expansión ilegal ha provocado una baja en los ingresos económicos de los locales legalmente establecidos.
El responsable de Fiscalización de la Dirección de Recaudaciones de la Alcaldía, Jaime Villalobos, indicó también que estos locales perciben “ingresos considerables”. Además del alquiler, los administradores ofrecen servicios extras como la venta de cerveza, bebidas, atención de garzones, meseras, mantelería, repostería, amplificación e incluso coordinan con grupos y la contratación de vehículos en caso de matrimonio.
A la semana, un local puede tener como mínimo un contrato y un máximo de cuatro, entre jueves y domingo; en fechas de prestes y aniversarios de zona, incluso atienden lunes.
El señor Freddy Hernani, propietario del salón de eventos Latino, que tiene el local desde hace 12 años, dijo que sacó adelante a su familia gracias a este negocio. “Todo está en la forma en que uno se organice, la forma de atención y, además, cómo se ofrezca a la clientela interesada el alquiler del espacio”.
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